Un bebé en Corea del Sur

Esta entrada es completamente personal, aunque seguramente podáis extraer alguna idea si vais a hacer algún viaje a Oriente. De cualquier forma no puedo resistirme a contaros nuestra experiencia en este estupendo país que hemos tenido la suerte de conocer durante 15 días:

Corea y los bebés

No sé si es porque en Corea del Sur tienen un índice de natalidad muy bajo (apenas se ven niños), que veían a Eva como una muñequita tan rubita y con estos ojos grandotes o una mezcla de todo, pero se volvían locos por ella. Cada vez que parábamos a tomar un café para descansar teníamos alrededor a dos o tres personas haciéndole monadas. Incluso alguna vez han salido de las tiendas para saludarla.

A ella no sé si le hacía gracia el acento o simplemente estaba de muy buen humor, pero estuvo regalando risotadas y se dejó hacer carantoñas por todo el mundo (cosa rara porque no suele querer ir con desconocidos).

Muy tranquila con Sabina Colonna.

Muy tranquila con Sabina.

Dejándose coger por una ayudante de la casa en la que nos hospedábamos.

Dejándose coger por una ayudante de la casa en la que nos hospedábamos.

Con la dueña de una tienda.

Con la dueña de una tienda.

En una cafetería.

En una cafetería.

Con Kim, la regidora de la ópera.

Con Kim, la regidora de la ópera.

Hemos vuelto con un montón de regalitos para ella que le iban haciendo allá donde entráramos: una mini hucha, un muñeco, un sonajero, un espejito, galletas de cada cafetería, ¡incluso un traje tradicional que le dieron en una tienda en la que me compré una camisa!.

Con el vestido que le regalaron.

Vestido tradicional que le regalaron.

Con el vestido que le regalaron.

Estuve investigando sobre costumbres de crianza con una madre que se sentó a charlar conmigo en un salón de té. Eva y su hijo se hicieron amigos y estuvieron jugando y yo agradecí poder comunicarme en inglés con alguien, ya os he comentado que muy poquitos lo hablan. Así averigüé que:

  • La alimentación complementaria se introduce exactamente igual que aquí, me imagino que habrá consenso mundial al respecto.
  • Procuran dar el pecho lo máximo posible aunque no les resulta fácil la lactancia a demanda, puesto que es una sociedad más pudorosa. Sí que es verdad que no conseguí ver ni un sólo hombro al descubierto o un escote pronunciado a pesar del calor que hacía. Eso sí, las faldas o pantalones todo lo cortos que os podáis imaginar.
  • Practican, en su mayoría, el colecho.
  • El porteo es también lo más habitual, esta madre en particular ni se planteó comprar un carrito teniendo la mochila.

Porteo en Corea

En la gran mayoría de las calles no hay acera, y cuando la hay no es que sean precisamente regulares.

Una calle cualquiera de Gwangju.

Una calle cualquiera de Gwangju.

No hay muchos niños, pero en este medio mes no he visto ni un carrito. Utilizan mucho la mochila Ergobaby y sobre todo un invento que no había visto nunca: consiste en una especie de riñonera con plataforma sobre la que se sienta el niño. Mediante una cremallera se le puede adosar el respaldo, de modo que cuando está puesto parece una simple mochila portabebés.

Mochila portabebés en Corea

Mochila portabebés en Corea

Mochila portabebés en Corea.

Portabebés coreano.

La comida

En la alimentación pensábamos que iba a sufrir un gran retroceso: acababa de superar muchos días de fiebre durante los cuales no quiso tomar nada que no fuera leche. Al llegar a Corea la cosa no mejoró: no quiso ni probar ninguno de los potitos o los yogures que le habíamos llevado. Tampoco tuvimos éxito con los cereales, no se tomó ni un mísero biberón. Nos aseguramos de que podíamos cocinar en la casa en la que nos alojábamos, de modo que le hicimos varios purés tanto de fruta como de verdura: ¡NI UNO! En los restaurantes tampoco comían pan, que le gusta mucho, ni le podíamos dar a probar de nuestros platos porque todo era muy picante.

Comiendo con nosotros en los restaurantes.

Comiendo con nosotros en los restaurantes.

Comiendo con nosotros en los restaurantes.

El caso es que siguió con el pecho todo el rato, muy cómodo para nosotros pero un poco preocupante por si luego nos costaba reintroducir la alimentación complementaria. Comía también galletas, llevábamos siempre a mano un paquete. Y el gran descubrimiento: ¡el arroz!

Comiendo arroz.

Comiendo arroz.

Comiendo arroz.

En cada comida siempre hay un pequeño cuenco con arroz blanco. Si no, se lo ofrecían de todas formas. Con los palillos resultaba muy fácil introducírselo en la boca y a ella le encantaba. Gracias al arroz conseguimos complementar un poquito su dieta aquellos días.

Afortunadamente a la vuelta come que da gusto, ¡no deja ni el recuerdo en el plato!

De compras en Gwangju

Como no podía ser de otra forma, no me he podido resistir a comprarle alguna monada a Eva en estos días. No os creáis que fué sencillo: al no haber muchos niños escasean también las tiendas para ellos. Por supuesto vino cargada con los típicos juguetillos como pelotas con luces o algún sonajero.

Entre el auditorio y nuestra casa había una tienda en la que cosían la ropita de niños ahí mismo. Eran cuatro o cinco chicas y se las veía en la trastienda a través de un cristal. Eran modelos muy modernos y fresquitos, al final me decanté por un mini-kimono de lino con el que veréis a Eva más de una vez este verano.

Escaparate de la tienda.

Escaparate de la tienda.

También en el mercado caímos en la tentación de cogerle un peluche muy simpático y unos patucos hechos a mano.

Patucos artesanales.

Patucos artesanales.

Intentando comprar un peluche en el mercado.

Intentando comprar un peluche en el mercado.

Por supuesto no podía faltar un libro: en este caso es un compendio de fichas unidas mediante una anilla. Por la parte trasera viene una letra grandota del abecedario, por delante el dibujo de algo que comience por esa letra escrito también en inglés y coreano.

Hasta aquí llega nuestra aventura por Corea del Sur, de la que hemos disfrutado muchísimo. Ha sido una etapa de grandes cambios en la que a Eva le han salido tres dientes más (parece moco de pavo pero es más del doble de lo que tenía), ha aprendido a señalar, a saludar y lo bien que suenan los muebles cuando los arrastras contra el suelo. Ha conocido a muchos nuevos amigos y aunque no se acordará de nada cuando sea mayor quizá quede en ella un pequeño poso de este viaje y si vuelve en el futuro puede que recuerde algún olor, palabra o color y piense que ha tenido un déjà-vu.

Con su súper amigo Maxim al que esperamos ver de nuevo pronto.

Con su súper amigo Maxim al que esperamos ver de nuevo pronto.

¿Habéis hecho algún viaje similar con vuestros hijos? ¿Queréis compartir alguna anécdota?

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1 Comentario

  1. Laura

    Queremos fotos de eva con el kimono!

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