En el anterior post os hablaba sobre qué tenéis que tener en cuenta a la hora de comprar los billetes de tren. Ya los tenéis y estáis en la estación, ¿cómo vais a afrontar la espera lo más cómodamente posible? Aquí tenéis algún consejo que a nosotros nos funciona:
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Acabamos de hacer la excursión en tren de Palma de Mallorca a Sóller y nos lo hemos pasado genial. Es un tren antiguo que conserva ese encanto de los vagones de madera y permite descubrir un poco más de esta maravillosa isla. Comunica Palma de Mallorca con un bonito pueblo del interior: Sóller. Para rematar la jugada cogimos el (también antiguo) tranvía para bajar hasta el puerto y comer allí.
Este fantástico plan nos lo recomendó una amiga mallorquina y me alegro mucho de haberle hecho caso. Si estáis en la isla con vuestros hijos y os apetece hacer algo diferente tomad nota:

Cada vez que viajamos en tren (o en otro medio de transporte público), debemos sacar un billete para cada uno de los viajeros, ocupen o no plaza y paguen o no (los menores de cuatro años viajan gratis en Renfe pero no tienen asiento. Los niños de 4 a 14 pagan el 60% del precio del billete y tienen asiento). Es decir, que los niños han de llevar el suyo también, lo cual es lógico porque se ha de tener un registro de todo el mundo en caso de avería, accidente o por lo que pudiera pasar.
Los padres de más de un niño pequeño os preguntaréis entonces cómo sacar el segundo billete de tren para vuestros retoños. ¿Habéis consultado mil veces la web de Renfe? ¿habéis llamado a información? Exacto, acabáis de daros de bruces con la realidad: no se puede.

Quiero hacer un pequeño repaso a los viajes que hemos hecho con Eva en estos siete brevísimos meses. Todavía quedan los gordos, esos que van a suponer ir a otros continentes y muchísimas horas de avión, pero prefiero contároslos según vayan llegando dada la importancia de cada uno de ellos. Aclaro que todos ellos se deben a visitas familiares, ya que estamos sólos los tres en Zaragoza, o viajes por trabajo.

Ya había viajado varias veces pero siempre acompañada, lo malo llegó la primera vez que viajé sola con Eva. ¡Casi me da un infarto al intentar planificarlo todo! no sabía cómo coger un taxi con la niña (pensaba que sin grupo0 no se podía), si es que lo lograba no creía que fuera a caber todo en el maletero, era incapaz de cargar con todo en un autobús, no alcanzaba a imaginar cómo podría llevar maletón, niña y carrito, y cómo podría desmontar éste una vez hubiera montado en el tren… En fin, un desastre. El caso es que resulta todo mucho más sencillo de lo que parece: