Estaba el otro día hablando con una amiga y me contaba lo mal que lo pasó durante su embarazo: su pareja era mayor, ya tenía hijos de otro matrimonio y sentía que si algo salía mal se echaría a perder la última oportunidad que tenía de ser madre biológica. Por eso, hasta que no comenzó a sentir las patadas del niño nítidamente (no como las primeras que se notan hacia mitad del embarazo), no pudo relajarse ni un segundo. Es más, me confesó que había gastado un pastizal yendo de vez en cuando a escondidas a hacerse una ecografía privada para comprobar que todo siguiera bien.

Fué entonces cuando me acordé de un invento que usé durante mis embarazos y que quizá pueda servir a más madres en su misma situación: el detector de latidos fetales o doppler fetal.

Leer más