Nunca se me olvidará cuando, después de dar a luz a Samuel y que me subieran a la habitación, Dani se desplomó sobre el sofá y dijo:

—¿Cómo podemos estar tan cansados, Clara? ¡Si hoy no hemos hecho nada!

Esta frase (que pasará a la Historia), me produjo una mezcla entre gracia y ternura. Y es que conozco muy bien esa sensación que tuvo que vivir a lo largo de todo el día: la impotencia.

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