Qué momento ese en el que conoces el sexo del bebé e inmediatamente tu cabeza empieza a imaginar y configurar tu vida a partir de ese preciso instante, ¿verdad? Parece que conoces un poco mejor a ese bebé al que ya te sientes muy unida, que le quieres todavía un poquito más (si es que eso es posible).

Francamente, nos apetecía cualquiera de las dos opciones: si era chica sería una compañera genial para Eva y seríamos mayoría absoluta en casa, si era chico tendríamos la experiencia de criar a un niño y tener «la parejita».

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