En alguna ocasión os he contado que somos unos “colechadores” convencidos. Nos resultaba increíblemente práctico dormir con Eva en la misma cama por varias razones: se dormía mucho antes, si se despertaba ella sola volvía a dormirse inmediatamente al verse acompañada, es comodísimo en los viajes…

Pero llegó el embarazo de Samuel, y con él las prisas por acelerarlo todo. Nos urgía que Eva saliera de la cama porque no cabíamos los cuatro en ella (o no cómodamente, desde luego), por no hablar de que si el recién nacido lloraba la despertaría constantemente.

Los cuatro en la cama

Los cuatro en la cama

Las dificultades

Estábamos muertos de miedo: NUNCA habíamos logrado meter a Eva en la cuna. Es como si le diera alergia. Además se nos echaba el tiempo encima porque entre viajes, pereza (esta noche no que estoy muy cansada, la siguiente tampoco que hay que madrugar…) y fiestas familiares lo habíamos postergado y yo ya estaba embarazada de seis meses y pico.

Durante los últimos meses del embarazo de Samuel, además, Eva estaba bastante rara. Se olía cambios inminentes, no entendía del todo por qué yo estaba tan gordita y con tan poca energía.

Trucos que ayudaron en la transición

  • Procuramos que no coincidiera con ningún otro cambio significativo en su vida como quitar el pañal, el nacimiento de su hermanito o la entrada en el colegio. Las novedades mejor de una en una para que puedan asimilarlas mejor.
  • Quitamos la tirita de golpe: no sólo la sacamos de la cama si no también de la habitación. Era la forma de que pudiera ir a su propia cama, así podría acostarme con ella hasta que se durmiera (casi como si siguiera colechando). Si hubiéramos intentado hacerlo paulatinamente pasándola primero a una cuna en la habitación creo que habríamos fracasado.
  • Quisimos que pudiera acceder a su cama cuando quisiera para que tuviera más autonomía y no se sintiera enjaulada (descubrí más tarde que este mismo sistema utiliza el método Montessori). Primero me empeñé en una a ras de suelo, como las apilables o las monísimas casitas, pero más tarde nos decidimos por una con poca altura que se puede alargar a medida que crece y de la que sube y baja con facilidad.
Jugando con la abuela en su cama

Jugando con la abuela en su cama

  • Dejamos que “ayudara” con los preparativos: montar la cama, poner las sábanas, elegir a los muñecos que dormirían con ella… A los niños les encanta sentirse involucrados y es una forma de que se vayan familiarizando con su nueva cama.
  • Pusimos el entorno lo más atractivo posible: coloqué unos vinilos de pajaritos en la pared para que viera durante el día y estrellitas luminosas entre los pájaros para que brillaran por la noche. También le compramos unas sábanas preciosas.
Samuel recién nacido en la cama de Eva con las maravillosas sábanas de Ferm.

Samuel recién nacido en la cama de Eva con las maravillosas sábanas de Ferm.

  • Las dos primeras noches dormí con ella para que se fuera acostumbrando a su propia cama. Ahí me planté con un colchón inchable embarazada de siete meses. Parecía una ballena varada, pero fue efectivo.
  • Creamos una rutina que aún mantengo: las dos en la cama, le leo un cuento con una linternita. Después, con ella apagada (aunque siempre dejamos una pequeña luz quitamiedos por si se despierta) me invento otro cuento mientras hace mano-teta.
Durmiendo con Dani... ¿O haciendo el tonto?

Durmiendo con Dani… ¿O haciendo el tonto?

  • Acudir rápido cuando me llama. Nada de dejarla llorar para que se acostumbre: si ve que la respuesta es rápida no se agobiará. Llamadme exagerada, pero no soporto verles sufrir y dudo que así se curtan y se vuelvan más autónomos, como algunos aseveran. Creo que si un niño de uno o dos años (gorrioncitos) no obtiene consuelo de sus pilares cuando tiene miedo, lejos de volverse independiente aumentarán sus inseguridades.
  • No dudar. Como acabo de decir somos sus pilares, y si nos ven dudar (huelen el miedo) ¡imaginaos ellos, que son los que van a sufrir el cambio! Nosotros optamos por tomarlo con naturalidad intentando ponderar las ventajas de ser mayor sin pasarnos, que también huelen cuando quieres venderles la moto.
  • Dejar tanto su puerta como la de nuestra habitación abiertas. Así, cuando se despierta por la mañana, puede venir ella solita a nuestra cama. Esto le da tranquilidad porque siente que quedarse en su cama es decisión suya, puede venir cuando quiera. A estas alturas abre la puerta ella sola, pero le sigue dando confianza.

El resultado

Las dos primeras noches, en las que dormí a su lado, no se despertó ni una sola vez por primera vez en su vida. ¡Primera prueba superada! Después no quería ni acercarse a nuestra cama: sólo le gustaba la suya de mayor.

Desde entonces ha habido épocas mejores y peores: cuando está malita tengo que levantarme muchas veces, otras duerme del tirón, en ocasiones me llama para que vaya y en cambio otras veces viene ella sola. En los viajes siempre busca su propia camita, aunque se conforma encantada si tenemos que dormir todos apretados en una cama. ¡Nos ha tocado la lotería con esta niña!

Con los niños en la cama en un viaje a Italia

Con los niños en la cama en un viaje a Italia

Mi ratoncita estrenando su cama

Mi ratoncita estrenando su cama

Espero que os haya servido de ayuda alguno de estos consejos, ¡dejar el colecho no es fácil ni para ellos ni para nosotros!

¿Qué tal fue la transición de vuestros hijos a su propia cama? ¿Utilizasteis algún truco?

 

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