Colechar significa dormir en la misma cama con el bebé (o niño). Dani y yo, como podréis suponer, lo hemos hecho con Eva. Además, dado el éxito arrollador, barrunto que con su hermanito también lo haremos. Como muchos de los métodos de crianza que hemos puesto en práctica con ella, surgió de manera espontánea y más tarde, a base de investigar, descubrimos que tiene nombre y que es una práctica muy habitual en muchos lugares del mundo.

Al principio, Eva comenzó durmiendo en su cunita: la también de colecho y estupenda Chicco Next2Me que terminó convirtiéndose en un almacén durante meses. Con el paso de las semanas, aprovechando las noches que Dani estaba de viaje la fui dejando a mi lado por pura comodidad (bueno, un poco por mimo también). Y se quedó. Al principio sólo a mi lado y más tarde entre los dos.

Si os soy sincera esto del colecho me parecía una marcianada antes de tener a Eva, incluso mientras estaba embarazada. Si soy del todo sincera, tampoco entendía por qué se quejaban de tener casi cuatro meses de baja por maternidad, me parecía bastante tiempo. ¡Cómo cambia la vida! ¡Ahora sólo de pensarlo se me ponen los pelos como escarpias! Pero si son pequeñísimos…

Jugando en la cama con Eva en un hotel de Lisboa.

Jugando en la cama con Eva en un hotel de Lisboa.

Ventajas del colecho

El caso es que cada uno duerme como quiere y puede y esto es lo que nos ha funcionado a nosotros, con nuestras circunstancias particulares.

  • El bebé, cuando demanda algo (contacto, comida o cualquier otra necesidad), es atendido inmediatamente, de modo que no llega a desvelarse completamente y se vuelve a dormir mucho más rápido.
  • Algunos estudios aseguran que reduce el riesgo de muerte súbita del lactante.

En países como Japón, donde el colecho es la norma, el índice de muerte súbita del lactante es uno de los más bajos del mundo.

  • Facilita mucho la lactancia.
  • Para padres viajeros es una maravilla. Si Eva hubiera estado acostumbrada a dormir en su cuna única y exclusivamente no podríamos haber dormido en el tren-cama de ninguna manera y posiblemente no nos habríamos animado a ir a tantos sitios. La cama de Eva es entre papá y mamá. En algunos países, como Corea del Sur, ni siquiera nos ofrecieron la posibilidad de disponer de cuna (y eso que fuimos una temporada larga) porque dan por sentado que los niños pequeños duermen con sus padres. Todos nuestros amigos músicos que viajan con frecuencia con sus hijos colechan.
  • Ayuda a regular la temperatura del bebé. La temperatura del pecho de la madre (alucinad) puede aumentar hasta en dos grados para calentar a su retoño y enfriarse uno si tiene mucho calor. Así, si tenéis por hijo una cabra loca como Eva, a la que no hemos conseguido tapar JAMÁS con las sábanas, sabréis que no pasará frío.
  • Dicen que ayuda a reforzar el vínculo entre el bebé y los padres. Esto habría que ponerlo entre comillas: no por dormir en su cuna o en otra habitación el niño va a ser un “desapegado”, ¡tampoco hay que exagerar! A mí me parece, más bien, una cuestión de comodidad. Pero sí que es verdad que el roce hace el cariño. Muchas veces cuando se removía en la cama en cuanto conseguía tocarnos un brazo, o abría el ojo y nos veía a su lado se serenaba completamente y volvía a dormirse ella sola: los niños, esos seres tan pequeños e indefensos, necesitan muchísimo contacto y sentirse protegidos mediante la cercanía de sus padres.
  • Esta no es muy científica, pero ¡da muchísimo gusto! No hay nada más apacible y tierno que tener un chiquitín durmiendo a tu lado, ni se me ocurre mejor manera de comenzar el día que con la sonrisa y los mimos de un niño.
Desventajas del colecho
  • El chiquitín crece. DEMASIADO RÁPIDO. Lo que hacía poco era una bolita que no era capaz ni de girar la cabeza por si mismo se convierte en un niño que probablemente os arrincone contra el borde de la cama y tengáis que dormir de costado, con medio culo fuera y probablemente un pie encima de la cabeza. Y creedme: da igual que la cama sea de tres metros o individual.
  • Preparaos para las críticas (bienintencionadas): «esta niña va a tener una mamitis terrible», «no la vais a sacar de la cama hasta que vaya a la universidad»… Y un largo etcétera. Pues como siempre: que cada uno se apañe como quiera y pueda, a mi no se me ocurre decirle a otros padres que me parece mejor o peor cómo están criando o han criado a sus hijos, de modo que procuro que no me afecten las críticas. A nosotros, sin duda, nos ha ido muy bien así.
  • Algunos detractores desaconsejan esta práctica por el riesgo de asfixiar al bebé. Por eso mismo hay que tener en cuenta algunas precauciones muy sencillas que, aunque pocas y simples, merecen un post propio acerca de las pautas para un colecho seguro.
  • Otros arguyen que la transición a la cama o cuna es mucho más difícil. Nuestra experiencia, a la cual dedicaré también un post aparte, ha sido muy buena. Por razones forzosas hemos tenido que sacar a Eva no sólo de nuestra cama, también de la habitación puesto que no cabemos cuatro en la cama y no queremos que se despierten el uno al otro. No hemos tenido ningún problema, conseguimos que durmiera bien desde la primera noche.
  • Por último, la otra razón que nos dan en contra es que se pierde intimidad y no permite desarrollar ninguna actividad por la noche. Amigos: esto se entrena. No dejéis que duerman en completo silencio. Nosotros con Eva hemos visto películas (incluso de guerra y nada, no se despertaba), leído, charlado… Llegaréis a conocer muy bien sus ciclos de sueño si dormís con ellos, y sabréis que hay momentos en los que no se despertarán hagáis lo que hagáis.
En la cama con Eva.

En la cama con Eva al amanecer.

Como podéis ver, a nosotros nos ha funcionado muy bien este método: hemos dormido los tres como lirones desde el primer día. Sólo recuerdo haber pasado sueño una vez y fue porque como Eva estaba malita no paraba de vomitar.

Para nosotros fue revelador el día en el que, en una de las primeras visitas al pediatra, le confesamos que colechábamos con Eva. Cuando le preguntamos si era bueno o malo nos respondió así:

¿Cuánto queréis dormir? Os vais a despertar de todas formas, pero siendo una niña que toma el pecho a demanda podéis levantaros, cogerla y esperar que se calme o hacerlo directamente tumbados y sin llegar a despertaros del todo. Considerad los pros y los contras y ved cuáles priman, es una decisión basada en la comodidad.

Vosotros, ¿cómo dormís con vuestros pequeñines?

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