7 preguntas a… Carlos Mena

Hoy en Cantando Nanas tengo la inmensa suerte de estar con Carlos Mena, un conocido (y reconocido) internacionalmente cantante vitoriano. Además, entre concierto y concierto, muchas veces se encuentra involucrado en algún interesante proyecto pedagógico.

Compagina su intensa vida profesional con la familiar, puesto que es padre de dos estupendos niños de once y seis años: Irene y Pedro. En Cantando Nanas, cómo no, queremos centrarnos en su faceta como padre y en cómo consigue conciliar trabajo y familia. También es interesante conocer cómo viven la música los hijos de músicos profesionales, porque es una situación que nos toca muy de cerca y para quien no, le dará alguna idea de cómo es este estilo de vida y seguro que podrá extraer algún truquillo. No se me ocurre mejor entrevistado para comenzar esta nueva sección. Eva estará de acuerdo, porque sin duda es quien mejores nanas le ha cantado desde que se conocieron con apenas un mes de vida.

Entrevistando a Carlos en un hotel de Ronda, Málaga.

Entrevistando a Carlos en un hotel de Ronda, Málaga. Eva y Carlos se conocen desde hace mucho tiempo.

La entrevista fue realizada en Ronda, Málaga, el 7 de julio de 2016:

1.- Me gustaría comenzar con una cuestión que muchos se preguntarán: ¿Cómo consigue un padre o una madre que viaja tanto por trabajo conciliar su vida profesional con la personal? ¿Tus hijos acusan mucho tus ausencias?

–Bueno pues muy difícil, pero creo que cada situación de padres tiene su dificultad. Por ejemplo, yo al ser músico y viajar sí que es verdad que cuando me voy no estoy ninguna hora del día con los niños en casa durante ese periodo. Pero también es verdad que cuando estoy en casa puedo estar todo el día con ellos. La ayuda de su madre, mi mujer, es fundamental para compensar, para poder equilibrar. Lo que más tengo presente en este sentido es la calidad del tiempo, no tanto la cantidad: de qué manera estoy con mis hijos cuando estoy con ellos, si estoy pensando en otras cosas u observando algo del trabajo en vez de realmente estar con ellos. Verdaderamente me gusta involucrarme y cocinar con ellos, imaginar, coser, jugar o cualquier cosa que vaya surgiendo me gusta vivirlas con mucha intensidad porque así me conozco mejor a mí mismo, conozco mejor a mis hijos y de esta manera disfruto más de ellos.

El ejemplo contrario podría ser una persona que trabaja en el mismo lugar en el que reside y que se despierta a las siete de la mañana y llega cansado todos los días a las ocho de la noche: tampoco puede encontrar un equilibrio fácilmente en esa situación digamos que más habitual.

Por supuesto, aún así, acusan la ausencia. Primero porque el ritmo de dos niños de diferentes edades en casa con dos adultos es distinto que con uno. Mi mujer realmente tiene el doble de trabajo cuando me voy y cuando estoy es todo mucho más fácil.

2.- ¿Cómo viven la música Irene y Pedro?

–Hay gente que cuando llega a casa se sorprende de la presencia que tiene la música en la vida de los niños. Nosotros, claro, al ser músicos quizás no nos damos cuenta. Yo por ejemplo no canto mucho cuando estoy en casa, no me han oído demasiado hacer ejercicios de técnica o preparar algo de repertorio. Lo que sí que ocurre es que mi mujer, que es pianista, estudia diariamente cuatro o cinco horas: es como un hilo musical aunque no siempre tiene por qué ser bueno, a veces es un pasaje repetido hasta el agotamiento (risas). Lo que sí que es verdad es que ambos tienen una sensibilidad especial hacia la música y reconocen muchas melodías. Aún así nunca hemos forzado la situación, siempre hemos esperado primero a ver cuáles eran sus intuiciones musicales a la hora de querer estudiar música -ni siquiera nos lo planteábamos-.

Lo que sí que ha sido importante es darles la oportunidad de vivenciar cosas y hemos estado muy atentos a sus pulsiones para poder reaccionar a ellas. También somos muy abiertos: no consideramos un estilo de música mejor que otro para un niño. Por ejemplo Pedro, el pequeño, el otro día escuchó en una tienda “Noche Transfigurada”. No me importó que supiera el título, sino que a su edad tuviera ya una relación con esta obra porque alguna vez la oyera en el coche con su tío. Mucho más importante esto que el hecho de que se sepa de memoria el título o el compositor, que es lo que suele impresionar a muchos padres. Como Irene, que enseguida dice: esto es Bach. Bueno, claro que impresiona, pero lo realmente importante es que tenga una relación con esta música y le evoque un momento de su vida o un estado de ánimo.

Eva en el piano.

Eva en el piano.

3.- Si las circunstancias lo permiten, ¿acuden a verte a los conciertos?

–En nuestro caso nunca lo hemos forzado y ambos han desarrollado un sentimiento musical o una relación con la música especial. Lo que creemos que va a enriquecerles realmente es que ellos mismos lo pidan o se muestren interesados. La niña por ejemplo siente fascinación por el hecho concertistístico pero el niño todavía no -o quizás nunca-. De momento no le llevamos y cuando al principio lo probamos, al igual que con la niña, nos situábamos en una fila que nos permitiera salir rápidamente.

Alguna vez cuando estoy cantando en un concierto y oigo a un niño llorar pienso: “por favor, que sus padres saquen a este pobre que está sufriendo. No por mi, sino por él. Además después de esto seguro que va a tener una relación terrible con los contratenores el resto de su vida porque se acordará de la vez que sus padres le obligaron a aguantar esa hora tan horrible” (risas).

En nuestra experiencia, lo mejor han sido los ensayos: las relaciones humanas son mucho más naturales, se interrumpe la música, se habla, se ríe, se discute… Hay una sociabilidad que en el concierto se pierde un poco. Esto nos ha funcionado muy bien, ambos niños han disfrutado muchísimo de los ensayos. Luego seguramente relacionen la música con alguna broma que se dijo en aquel momento, o algún error gracioso. Y son este tipo de conexiones las auténticamente enriquecedoras.

4.- ¿Podrías contarnos alguna anécdota musical relacionada con tus hijos?

–Cuando mi mujer estaba embarazada de nuestra hija hacíamos con una persona trabajo de preparación al parto, a la propia situación de la embarazada… Y ambos nos propusimos cantar una canción dependiendo del trabajo que hiciéramos. Por ejemplo, establecimos una canción que nos generase tranquilidad. Normalmente las canciones de ritmo ternario son las que aportan tranquilidad y espacio y las de binario las que activan. No es algo esquemático pero sí tiene sentido, también con la propia pulsación del corazón. El caso es que elegimos un aria de Händel que suena casi a nana. Está en italiano y la letra viene a decir: dulce bien, yo nunca te dejaré.

Durante el parto, Olga, la matrona, nos dijo que tuviéramos presente el “Dolce Bene” para cantarla al nacer y tranquilizar a la niña. Efectivamente, cuando nació -el momentazo del año como bien sabrá cualquier padre-, la niña rompió a llorar y en cuanto comenzamos a cantar, como a la cuarta nota, se calló de golpe. Nosotros, claro, estábamos llorando, cantando, emocionadísimos así que aquello sonaría… (Risas). Pero lo importante es que ella relacionó ese momento que ellos están viviendo de otra manera, fuera del útero, con la música. Reconoció algo que a ella le producía espacio y relación con sus padres cuando estaba dentro del útero. Fué realmente bonito.

 

Para el niño elegimos otra aunque Pedro nació en una actitud mucho más combativa -creo que es increíble pero se pueden ver ciertas cosas del carácter desde el mismo momento que nacen-. Él también reconoció la suya, esta en español, aunque le costó algunos segundos más.

5.- Para dormir: ¿un cuento o una nana?

–Cuento y nana (risas). Y si ya el cuento se puede relacionar con una cancioncita me parece el máximo.

Normalmente me invento cuentos, a mis hijos les encanta escuchar alguna historia mía pero modificada ligeramente. Por ejemplo, la historia de una grabación en Suiza, un lugar frío pero en el que hay muchísimo chocolate ¡todo está cubierto de chocolate!, donde ocurren cosas, interrumpen distintos animales, oyen parte de lo que cantaba… Así luego cuando escuchan el disco en lo que piensan es en el grillo que se oía. Este tipo de historias en las que pueden identificar al protagonista (su papá) y relacionarlo con la realidad (el disco), les encantan.

En plena entrevista.

En plena entrevista.

6.- La canción favorita de Eva es Don Pimpón, que reconoce inmediatamente, le tranquiliza e incluso baila ¿tienen tus hijos alguna canción de cabecera?

–Han pasado por edades en las que sí, que tenían alguna siempre en la cabeza. Recuerdo una canción de la tradición vasca que es un juego con un asno muy parecida a Pimpón que les duró mucho. Supongo que es una manera de nutrirse y de tener una referencia que les de seguridad.

Pasan por distintas épocas y van cambiando de canción, pero siempre tienen alguna preferida. Hubo una que les gustó mucho a ambos, ¡es una nana brasileña que me parece bestial! Puede ser que también les reconfortara por la pronunciación.

7.- Pregunta obligada: ¿qué resaltarías del blog?

–Aaah, pues resaltaría el respeto que tiene hacia las personas. Lo que más me llamó la atención (bueno, el blog en sí me la llamó), es el respeto hacia ti misma, hacia Eva, Daniel y hacia todos los padres y madres. En ningún momento impones nada y siempre dejas claro que cada padre y madre es un mundo y me gusta que cuentes tus experiencias simplemente diciendo que es lo que a ti te ha pasado o funcionado, para lo bueno y para lo malo. También estéticamente me parece muy fresco -bueno, no soy ningún experto de internet-, se pasa muy rápido, no satura.

He conocido padres que pretenden que sufras alguna situación negativa como ellos para justificar que eso que les está pasando es normal: no, con los niños es normal todo, cualquier situación de la vida. Y aunque no le ocurra a los demás no pasa nada. Que el parto fuera así es porque tenía que ser así, que el niño haga esto y no lo otro es porque tenía que ser así… Y los consejos que a ti te han funcionado (quien quiera que los tome y quien no pues no) y la forma de expresarlo me han encantado.

Durante la entrevista.

Durante la entrevista.

Eva mientras tanto curioseando.

Eva mientras tanto curioseando.

A continuación tenéis vídeo para que podáis disfrutar de la voz de Carlos y veáis en qué consiste uno de estos conciertos de los que hablo en el blog y que tanto nos permite viajar. Además, el guapo tiorbista que se ve justo detrás (esa especie de guitarra con el mástil tan largo y catorce cuerdas), es mi marido Dani.

La Folle Journée 2015 (Nantes, France) [Live recording]

Carlos Mena, alto
RICERCAR CONSORT
Philippe Pierlot, conductor

00:56 • Leopold: Regina coeli
12:00 • Vivaldi: Stabat mater for alto and orchestra, RV 621
32:55 • Vivaldi: Nisi dominus for alto and orchestra, RV 608

Hasta aquí la primera entrevista de Cantando Nanas. Me alegra muchísimo haber podido inaugurar esta nueva sección con alguien a quien admiro profundamente personal y profesionalmente. Muchísimas gracias, Carlos.

Espero que hayáis podido sacar algún truco. Yo desde luego voy  buscar esas nanas brasileñas y ya he comenzado a poner en práctica lo de llevar a Eva a los ensayos, no a los conciertos.

¿Qué os ha parecido? ¿A quién queréis que le hagamos las próximas siete preguntas?

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3 Comentarios

  1. Sara Illana

    Menuda pasada de entrada, ¡enhorabuena, Clara! Me ha encantado ver a un musicazo a quien admiro hablando como padre, algo nuevo para mí. Desde luego, esperamos las siguientes entrevistas que nos acercaran otros perfiles. ¡Muy muy buena idea!

  2. Preciosa entrada, Clara!

    Yo le admiro muchísimo. Es una de esas personas que inspiran, que emanan ternura…un amor! Y sus conciertos son todo delicadeza, detalle. Máximo respeto hacia su persona. Y me encanta que hable de su faceta de padre. Enhorabuena!

  3. Laura

    Que pasada, hasta yo le conocia! Jajajaja. Vaya vida llevais pero tiene toda la razon mi marido llega cansado a casa y yo cuando se me termine la baja dentro de nada tambien y no vamos a estar al 100% con el niño porque no tendremos casi ni fuerzas. Me ha encantado eres una crack!

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